Vocento 15 años 20 de Octubre, 07:09 am

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economía

Los bancos centrales se apuntan a la moda de los tipos negativos

Maribel Núñez
La debilidad del crecimiento económico ha hecho que muchos países se apunten a la moda de los tipos de interés negativos como una manera de impulsar que el dinero se mueva y, por ende, que se genere riqueza y creación de empleo. Hace una década, los tipos de interés negativos eran una curiosidad teórica de la que discutían solo los economistas. Sin embargo, hace dos años se convirtió en una medida excepcional que tomaron países relativamente pequeños como Suiza, Dinamarca y Noruega para intentar devaluar sus respectivas monedas y que no se penalizaran sus exportaciones. El mes pasado el Banco Central de Suecia se apuntó a esta tendencia al situar su principal tipo de interés en el -0,5% desde el anterior -0,35% y, además, aseguró que podría profundizar más en esta senda.

Un estudio de JP Morgan calcula que una cuarta parte de la deuda pública mundial, alrededor de 5,5 billones de dólares, se genera ya en países con tipos de interés negativos. Solo en la Eurozona 1,5 billones de dólares de deuda están ya a un tipo de interés inferior al 0% y se da en países como Austria, Holanda o Alemania. El caso más emblemático fuera de la Eurozona es Suiza, donde hay tipos negativos para la deuda a un plazo de nada menos que de 15 años, en un símbolo claro de que la seguridad, en este caso de la inversión, hay que pagarla. Y esta semana ha sido el turno del Banco Central Europeo (BCE), que ha dejado el precio oficial del dinero en cero, con lo que los bancos se financian gratis y los depositantes de los bancos comenzarán en breve a pagar por tener el dinero en el banco, de manera directa o indirecta a través de comisiones o gastos de mantenimiento.

Además, el presidente del BCE, Mario Draghi, decidió situar el tipo marginal de los préstamos en el -0,40% y -0,25%, lo que supone penalizar aún más a los bancos que dejen su dinero en el BCE con lo que, en teoría, darán más créditos a empresas y particulares. Según algunos cálculos, el BCE habría cobrado alrededor de 1.250 millones de euros a los bancos por dejar el dinero en esta ventanilla de Francfort desde junio de 2014.

Otro de los efectos de estos movimientos es que baja también la rentabilidad de la deuda que emiten los distintos países y, en algunos casos, se tiene que pagar por ella en lugar de recibir una rentabilidad, ya que se ha convertido en valor refugio, como le ha ocurrido a Alemania y a Suiza, entre otros.

La pregunta del millón es si los tipos negativos es una medida eficaz para impulsar el crecimiento económico así como para elevar la inflación, cosa en la que los expertos no tienen un consenso.

Pero, al margen de los efectos macroeconómicos, otra de las preguntas del millón son las consecuencias que tendrán para los bancos, donde hay mayor consenso en el sentido de que les acabará perjudicando. A nadie se le escapa que el corazón del negocio bancario es tomar prestado dinero y prestarlo después con una diferencia de precio, que es donde está el margen de la entidad, por lo que si ellos tienen que pagar a los bancos centrales, al final los clientes tendrán que pagar por tener el dinero en las cuentas.

Este fenómeno, el que cueste tener el dinero en el banco más allá de los gastos de mantenimiento habituales, podría hacer que muchas personas optaran por tener sus fondos en efectivo, bien en casa o en algún lugar seguro como cajas fuertes, sin olvidarnos del clásico colchón. Otro de los fenómenos que predicen los expertos es que podría provocar una auténtica carrera por pagar las cosas y los servicios antes incluso de recibirlos.

Este asunto, el hecho de que los ciudadanos se puedan inclinar por el efectivo, choca con las medidas puestas en marcha por el Banco Central Europeo (BCE) precisamente para reducir el número de billetes de 500 euros en circulación así como por el Banco Central de Suiza.

En materia de previsiones los expertos, entre los que está Credit Suisse, consideran que esta ola de tipos de interés negativos ha venido para quedarse a medio plazo y, además, no descartan que en un momento dado, si la economía de Estados Unidos no crece ni crea empleo en la medida de lo esperado, la Reserva Federal pudiera también sumarse a este asunto.


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