El cuadrilátero de la incredulidad
Ignoro la ignorancia, desprecio el desprecio, rechazo el rechazo y me abstengo de la abstención. No quiero, no deseo tirar una toalla que muchos tiraron, aspiro a encontrar una mina de oro que rescate al mundo pobre de la pobreza eterna, que algunos se empeñan en perseverar en el tiempo, aspiro a desterrar el hambre de aquellos estómagos hambrientos, deseo que olvidemos la desesperanza de corazones inquietos, en un mundo falto de ideas y carente de ilusión.
El mundo de hoy en día es un mundo de oportunidades. Camino sobre hombros de gigantes, como diría Newton, aprovecho la infraestructura que hoy el avance de la técnica pone a nuestra disposición para alcanzar un grado de creatividad que roza la incredulidad de muchos, que llaman a mis ideas extravagantes y absurdas, porque no han querido salirse del cuadrilátero de siempre en el que el ser racional ha decidido perder combates continuos ante la avaricia de los poderosos, ante la mentalidad unilateral de la superpotencia, que perpetua una industria armamentística sin razón de ser en un mundo donde la diplomacia y el dialogo deben prevalecer, que mantiene unas instituciones económicas internacionales en un centro de poder que les condena a unas políticas económicas tremendamente politizadas por las esferas de influencia de los centros de poder del primer mundo.
Me rebelo contra aquellos que no quieren salir del cuadrilátero, contra aquellos que se perpetúan en las ideas de siempre, que son ideas del pasado y del presente, pero no de futuro, pues sin nuevas ideas nos obcecamos en una guía que nos lleva por los caminos de siempre, en un libro de cocina que nos enseña las recetas de siempre. Necesitamos de la ilusión del cambio para comenzar a dar pasos en la dirección apropiada, pasos definitivos sin los que el camino no se emprende, pues se hace camino al andar. No me rendiré ante la incredulidad de aquellos que tiraron la toalla de la ilusión, perseverare ante aquellos que rechazaron retomar el relevo que otrora nos entregaron los Churchill, Marshall, Monet, Kennedy o King, me encomiendo al cambio que abrazo sin miedos, sin resquicios, sin dudas, pues hoy es el primer día del resto de mi vida en el que decido aprender de los errores del pasado para construir caminos nuevos que no nos hagan tropezar en las mismas piedras del pasado, un pasado lleno de etapas feas de colonización, de guerras, de genocidios, de hambrunas y guerras preventivas.
Me levanto con los pies de plomo, dando pasos firmes hacia delante, inspirándome en aquellos que otrora arriesgaron inspirándose en un mundo de futuro, en una sociedad que nos espera a mitades de siglo veintiuno, llena de justicia global y equidad. Una sociedad que nos espera con los brazos abiertos y que contempla como hoy, desde la lejanía, comenzamos a dar unos pasos de bebe que se convertirán en una carrera de obstáculos y retos a completar con fortaleza de ideas, con serenidad, y la seguridad de descubrir en el camino nuevas etapas de materialización de la utopía que hagan olvidar la sinrazón del pasado y del presente.

1.79%























