La vergüenza de la escasez alimenticia
Escucho el discurso de Clinton u Obama en contra del libre comercio, cuando el libre comercio nos beneficia y perjudica a los países del mundo en vías de desarrollo. Pero curiosamente su posición, argumentan, pretende estar en contra del libre comercio, inventado por los norteamericanos, porque nos perjudica a nosotros, ricos habitantes del primer mundo.
Nuestros ejércitos son ejércitos de guerra que defienden un bienestar injusto. Nuestras multinacionales maximizan el beneficio económico sin preocuparse por el bienestar social, a costa del desfavorecido, a favor de la clase pudiente que ha invertido un dinero en un plan de pensiones que alimenta su vida en una zona soleada de Europa o Estados Unidos. Nuestros gobiernos, con una dialéctica cobarde abogan la no proliferación de armas y apoyan a la industria armamentística, que vende armas producidas por Occidente para que los habitantes del mundo pobre se desangren en conflictos que no tienen razón de ser. Nuestra arquitectura financiera internacional es cualquier cosa menos ética, permite la existencia de paraísos fiscales, donde nuestros ricos pueden evadir impuestos que minan la propia existencia del estado del bienestar. Nuestra ética de doble rasero argumenta en contra de la corrupción, el mal gobierno y la falta de transparencia en el mundo en vías de desarrollo, pero no acertamos a denunciar comportamientos anti-éticos de nuestros propios paraísos fiscales, como Suiza, una nación otrora neutral que hoy se beneficia de su presuntamente inofensivo secreto bancario.
Aseguremos el abastecimiento alimentario antes de comercializar los alimentos. Dejemos de subsidiar nuestras industrias agrícolas para que los países de África y América Latina puedan exportar a nuestros mercados. Demandemos un comercio justo que no el libre comercio. Más fair trade y menos free trade. Es hora de llamar a las cosas por su nombre y dejarnos de eufemismos, dejar de pensar que la pobreza siempre existirá y por eso esta justificada. No es así. Podríamos cambiar y no queremos. Echamos la culpa a nuestra clase gobernante y sin embargo les votamos. Podemos hacer mas, como ciudadanos, como comunidad global de habitantes de este mismo mundo que nos acoge a todos, pese a que algunos pretendan pensar que son ciudadanos de mas categoría que los que nacen al otro lado del charco, en ese continente abandonado a su propia suerte.
Hoy leo con incredulidad las noticias sobre la escasez alimenticia. Me cuesta creer que en este mundo de organizaciones multinacionales, de instituciones multilaterales como Naciones Unidas, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, no seamos capaces de ponernos de acuerdo para crear un mínimo estado del bienestar global. Para que os quiero, instituciones de Bretton Woods? ¿Para que te quiero Consenso de Washington? Os destierro, os borro de mi memoria, no servís el propósito de un mundo necesitado de nuevas políticas económicas, no satisfacéis los retos que afronta la humanidad. No os quiero, no merecéis mi atención. Quiero instituciones alejadas de los centros de poder de Estados Unidos y Europa, instaladas, instauradas en el mundo en vías de desarrollo, manejadas por un poder ejecutivo tecnócrata y no político.
Es un mundo nuevo y he decidido formar parte de el.

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