Las 'eurodudas' de los suecos ante el referendum
A tres días de la consulta popular sobre la incorporación al euro, el campo del ?no? encabeza las encuestas con casi diez puntos porcentuales de ventaja. Algunos sondeos sitúan la proporción de indecisos en casi veinte puntos.
El escepticismo de los suecos sobre el euro ante el referéndum de este domingo vuelve a reflejar las dudas con que los países escandinavos ven una moneda común europea. Hay que recordar que hace tres años los daneses rechazaron la incorporación al euro.
Noruega tampoco forma parte del euro. Tan sólo Finlandia ha rechazado tener independencia monetaria y, a cambio, forma parte de la moneda común europea.
El referéndum del domingo tiene una nota muy triste, debido al fallecimiento el jueves, de la ministra de Asuntos Exteriores sueca Anne Lindh, ferviente partidaria del ?sí?, después de que el miércoles fuera apuñalada en unos en unos grandes almacenes del centro de Estocolmo.
El ?eurodilema? sueco es un caso interesante, debido a que Suecia es el clásico ejemplo de Estado de Bienestar escandinavo, si bien en los últimos años el gasto social ha sido limitado por los gobiernos, en su mayoría socialdemócratas.
SISTEMA CORPORATIVISTA
La cotización de la corona sueca tuvo un papel importante en el engranaje institucional del Estado de Bienestar sueco desde la Segunda Guerra Mundial hasta finales de la década de los ochenta.
Sindicatos y empresarios pactaron durante décadas los salarios en un esquema de negociación centralizada corporativista. Por su parte, el gobierno practicaba políticas fiscales expansivas de acuerdo a las exigencias del gasto social.
El ?Riskbank?, el banco central sueco, que hasta la década del noventa era prácticamente un apéndice del Gobierno, solía practicar políticas monetarias expansivas tendentes a originar bajas tasas de interés. La corona sueca fue la variable de ajuste frente a estas políticas expansivas.
La corona sueca tendió a depreciarse durante la mayor parte del periodo de la posguerra, frente a las monedas de los principales socios comerciales de Suecia.
AUMENTO DE LA COMPETITIVIDAD
La fuerte depreciación de la corona a lo largo de ese periodo aumentó la competitividad de la industria (automovilística, electrodomésticos, química y papelera) sueca, muy volcada hacia la exportación.
Es más, esta depreciación escondió ciertos fenómenos de anquilosamiento y rigidez que acechaban a la economía sueca desde hace décadas.
Entre estos cabe señalar unas leyes laborales que aumentaron mucho el costo de la producción así como el ausentismo laboral, que durante la década de los ochenta llegó a cotas muy altas.
EXCEPCIÓN
Al ser Suecia una economía relativamente pequeña, la política de la corona débil fue aceptada, por lo general, por las grandes economías europeas (Alemania, Francia, Reino Unido e Italia).
En este sentido Suecia supuso un caso excepcional, debido a que al ser un país periférico y de importancia relativa en Europa pudo practicar una política monetaria independiente sin ser objeto de demasiadas presiones por parte de sus socios comerciales.
Francia, una economía más grande y central en Europa, por el contrario, no pudo darse el lujo de desarrollar políticas fiscales y de tipo de cambio tan expansivas. El famoso cambio de dirección del Gobierno del socialista Francois Mitterrand, que inició sus mandato con políticas de corte sueco y terminó con políticas liberales, a principios de los noventa es un reflejo de ello.
HACER LOS DEBERES PARA NADA
Durante los últimos diez años, el Estado sueco ha atravesado una fase de racionalización del gasto y reducción del endeudamiento público. La tasa de inflación sueca convergió con las del resto de los países de la UE.
El ?Riskbank? fue dotado de la figura legal del banco central independiente, premisa básica de la construcción del euro.
En la actualidad las grandes economías de la UE (Francia y Alemania) no cumplen los criterios fiscales del Pacto de Estabilidad. Muchos políticos y ciudadanos suecos se preguntan ahora por qué fue necesario este ajuste de cinturón, si los primeros de la clase están fallando estrepitosamente en su propio ajuste fiscal.
Esta falta de coherencia en la construcción del euro explica, en parte, el escaso entusiasmo que los suecos sienten por el euro.

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