El Gobierno echa una mano a las castigadas "telecos", que no a los consumidores
Por tanto, las tarifas telefónicas podrán volver a subir después de seis años de caída, siempre que respeten el IPC.
Ni que decir tiene que el hábil político catalán se ha metido a las empresas en el bolsillo, aunque simultáneamente desataba las iras de las asociaciones de consumidores y de los partidos de la oposición.
El sector español de las telecomunicaciones utiliza desde hace 16 años el seminario que organiza su patronal Aniel en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander para echar a andar en cada nuevo curso.
En medio de la profunda crisis que abate a sus empresas durante los últimos 24 meses, las operadoras y compañías industriales esperaban con la máxima expectación la intervención que en este foro tenía previsto realizar el ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué.
El hábil político catalán se ha convertido en la "esperanza blanca" del sector desde que, apenas hace dos meses, sustituyó al frente de esta cartera a Anna Birulés, su antigua colega y protegida en la que habían terminado por concitarse las culpas de todos los males que aquejan al mundo de las telecomunicaciones.
Josep Piqué llegó el pasado lunes al curso de Aniel en Santander, vio la expectación que había despertado entre el nutrido y distinguido grupo de altos directivos de un sector que aporta el 12% al PIB español, y venció con un discurso político e inconcreto diseñado para producir buenas vibraciones en la golpeada sensibilidad de sus interlocutores.
El político catalán dijo muchas cosas durante una hora larga de discurso, aunque apenas concretó ninguna.
Afirmó que las telecomunicaciones son motor y referente para el conjunto de la economía nacional; aseguró que sólo si Telefónica va bien se podrá asegurar la felicidad de sus competidores; no renunció a especular con la posibilidad de establecer limitaciones comerciales al operador dominante con el fin de estimular la competencia y, además, entonó un "mea culpa" al reconocer que durante los últimos años el Gobierno había practicado alguna forma de intervencionismo desmedido o "sobrerregulación" que ha abrumado al sector.
No obstante, con su hábil oratoria, Piqué supo mover los resortes sentimentales de su audiencia y, a las pocas horas de su intervención los diferentes foros mediáticos del país se hacían eco de un sólo mensaje tan nítido como controvertido: el Gobierno ha prometido que subirá las tarifas de teléfono para ayudar a salir de la crisis a las compañías de telecomunicaciones.
Las reacciones ante el mensaje no se hicieron esperar: mientras el sector tecnológico echaba las campanas al vuelo, los partidos de la oposición y las asociaciones de consumidores ponían el grito en el cielo.
Hasta que el Consejo de Ministros no concrete la modificación del modelo de intervención en las tarifas de Telefónica (que de forma casi automática determinan los precios de los servicios de sus competidoras), todo será especulaciones sobre los diferentes mecanismos que el Gobierno utilizará para volver del revés el "price cap".
Los principales directivos de las operadoras han vaticinado ya, utilizando el mismo foro del seminario de la Universidad Menéndez Pelayo que, a pesar de los planes de reforma del Gobierno, "los precios telefónicos mantendrán su tendencia a la baja en el futuro".
Consideran sin embargo que "por fin se ha terminado la etapa en que el Ejecutivo utilizaba al sector como mero instrumento de su política antiinflacionista e imponía bajadas de tarifas continuas y artificiales siempre con porcentajes superiores al 10%".

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