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Economía

07 de Julio de 2008
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Ericsson: El poder (destructivo) de la (mala) comunicación

23/08/2002 - 15:30
Ericsson, la multinacional líder en fabricación de equipos de red celular con más de un tercio del mercado, vive este verano las peores semanas de su centenaria historia.

Desde los viejos buenos tiempos en que los clientes de telefonía móvil, en España y en todo el mundo, crecían de forma exponencial reportando a los fabricantes y operadores ingresos fabulosos, el líder indiscutible en la creación de redes celulares, Ericsson, practicaba una política de comunicación en la que prefería resaltar las malas noticias, las informaciones de  ajuste, las iniciativas de gestión de recorte, antes que airear sus éxitos.

Con la entrada del sector en la senda de la crisis, el catastrofismo comunicativo se aceleró y la compañía ha alardeado durante los últimos quince meses de pérdidas continuadas, de haber reducido su plantilla a la mitad (de 120.000 a 60.000 empleados) en 20 oleadas distintas de comunicados de prensa con anuncios de cierre de instalaciones.

Tantas veces a ido el cántaro de los despidos a la fuente de la comunicación pública, que hoy la imagen de la multinacional se encuentra por los suelos, arrastrando a su valor en Bolsa hasta índices críticos.

DEL PARAÍSO AL INFIERNO

La agencia Moody's realizó una severa advertencia al calificar su deuda como "bonos basura" tras recortarle reiteradamente la calificación hasta la paupérrima Ba1.

La medida se produce después de que la cotización de la empresa sueca haya perdido este verano más de un 75% de su valor. Lo paradójico de esta afrenta es que la agencia justificó la reducción continua en la calificación con el argumento de que "Ericsson se enfrenta a serias dificultades para reducir su plantilla y su capacidad".

Ericsson vive sin duda inmersa en la misma crisis que afecta a todas las empresas tecnológicas del mundo, y sufre a la vez la doble penalización de ser una de las compañías que más ha invertido en el desarrollo de esa pesadilla que tiene por siglas las del nuevo móvil multimedia UMTS.

¿PEOR QUE NORTEL, LUCENT O MOTOROLA?

Sin embargo, los analistas no terminan de explicarse por qué la compañía sueca se ve tan golpeada por la desconfianza de los inversores, si otras empresas homologables como Nortel, Lucent o Motorola sufren la misma coyuntura con unos ratios económicos infinitamente más deteriorados.

Los analistas se preguntan por qué multinacionales como Siemens,  Nokia o Alcatel, también muy golpeadas por los malos vientos, mantienen una calificación mucho más elevada, no sólo en Moody's, sino sobre todo en la confianza de los inversores.

Ericsson ha practicado en su ya dilatada historia una política de comunicación calvinista en la que las noticias buenas siempre eran las malas.

En tiempos de vacas gordas y en tiempos de reses famélicas, el mensaje ha sido unívoco: "nos sobra personal", "pretendemos eliminar aquellos elementos de nuestra cadena productiva que generan menor valor añadido", "nuestra empresa práctica una política de rejuvenecimiento y mejora de la cualificación de su personal".

Y así, año tras año, los planes de ajuste de plantilla, las negociaciones para externalizar plantas de producción, las iniciativas para declarar obsoletas viejas y nuevas tecnologías, han ido sepultando los éxitos de una empresa que, aun hoy posee uno de cada tres contratos de instalación de redes celulares en cualquier parte del mundo.

UNA COMUNICACIÓN PERVERSA Y AUTODESTRUCTIVA

Con la llegada de las tormentas al paraíso de la burbuja tecnológica, Ericsson no ha hecho sino insistir en su catastrofismo comunicativo y se pueden contabilizar 20 comunicaciones a los medios insistiendo en las reducciones de plantilla (muchos de los planes de recorte se han anunciado dos veces) en 15 meses continuados de pérdidas.

Casi con total seguridad Ericsson es la multinacional de telecomunicaciones que ha hecho una reconversión más drástica de su plantilla (al reducirla desde 120.000 personas hace sólo cinco años hasta los 60.000 trabajadores actuales), y una selección más depurada de su planta productiva  (al vender o externalizar la actividad de dos de cada cinco fábricas).

Sin embargo, a base de comunicar siempre malas noticias, el mercado ha terminado por hacer una lectura inversa a la deseada:  "una empresa que tan baja estima tiene de sí misma no es merecedora de nuestra confianza".

Y Moody's, al sentenciar que rebaja la calificación de Ericsson se produce porque "se enfrenta a serias dificultades para reducir su plantilla y su capacidad", no hace sino poner de manifiesto que las noticias malas siempre generan una imagen negativa y que el poder de la comunicación, utilizado de forma torpe, se convierte en un arma perversa y autodestructiva.






  

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