16 de Octubre, 15:20 pm
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Grace Kelly, 35 años sin princesa

Juan Vilá

La vida de Grace Kelly fue un cúmulo de luces y sombras. En julio se cumplieron 65 años del estreno de 'Solo ante el peligro', su primera gran película, y en septiembre, 35 de su muerte. Un suceso tan sombrío como el resto de su vida.

¿La mató la mafia porque se oponía a que esta controlara el casino de Montecarlo o se le paró el corazón mientras conducía, tal como afirma la versión oficial? ¿Era quizá su hija pequeña, la princesa Estefanía de Mónaco, de 17 años entonces y sin carné, quien estaba al volante cuando el Rover P6 en el que ambas viajaban se salió en un curva y se despeñó desde 37 metros de altura? Hasta una secta satánica podría haber estado implicada si hacemos caso a una de las mil versiones que se han publicado sobre el accidente que el 14 de septiembre de 1982 acabó con la vida de Grace Kelly, princesa de Mónaco, a los 52 años.

Puede que todo sea más fácil: los accidentes ocurren y tal vez el problema sea nuestro al no aceptarlo o al pretender que un aura de misterio rodee su figura y aumente su distinción. Frente a ello, y para devolvernos los pies al suelo, nada mejor que recordar la famosa frase que Gary Cooper dijo de ella: «Parece fría como un témpano, pero le bajas las bragas y se convierte en un volcán en erupción». Así era Grace Kelly. Pura contradicción.

Ambos coincidieron en el rodaje de Solo ante el peligro. Para ella era su primer papel importante en el cine. Tenía 21 años y pertenecía a una destacada familia de Filadelfia. Su padre había ganado tres medallas de oro como remero en los Juegos Olímpicos y después había hecho una fortuna en la construcción. Su historia con Gary Cooper calcaba el esquema que la actriz ya había seguido antes y repetiría muchas más veces: le encantaban los hombres mayores -su compañero de reparto le sacaba casi 30 años- y si encima estaban casados, mejor. Como el marido de una amiga con el que perdió la virginidad. 

Cuentan que la futura princesa fue a visitarla, pero como no estaba en casa, acabó con el otro en la cama. O como Don Richardson, uno de sus profesores de arte dramático. Estaba separado aunque aún no tenía el divorcio, y había un problema aún mayor para la familia Kelly: era judío. Grace quiso que conociera a los suyos y aquel viaje a Filadelfia se convirtió en un infierno plagado de broncas, chistes antisemitas y amenazas. Cuando el bueno de Don descubrió que ella encima se veía con otros salió corriendo. Años más tarde, ella diría sobre esta etapa: «Siempre me estaba enamorando de hombres que me daban mucho más de lo que yo les daba a cambio». Entre ellos estaban Ali Khan, futuro marido de Rita Hayworth, y hasta John Fitzgerald Kennedy al que, según algunos biógrafos, fue a visitar al hospital disfrazada de enfermera.

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