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Kim Basinger: de sex symbol a revolucionaria sexual

Juan Vilá

Puede que Titanic fuera la película más taquillera de la historia y la que más Óscar ha logrado -once en total, los mismos que Ben-Hur y El Señor de los Anillos: el retorno del Rey-. Pero con Kim Basinger no pudo. Para ella fue el premio a la mejor actriz de reparto ese año por L.A. Confidential. Como antes también se había llevado el Globo de Oro.

Con la estatuilla dorada consiguió, además, romper lo que parecían dos maldiciones: se convirtió en la primera actriz que ganaba un Óscar después de haber posado para Playboy y fue también la primera chica Bond
-participó en Nunca digas nunca jamás- que logró este reconocimiento.

Y eso que rechazó varias veces el papel de LA. Confidential. Según dicen, porque no quería interpretar a una prostituta. Tampoco estaba en su mejor momento profesional. Tenía 43 años y llevaba tres sin trabajar. Vivía volcada en el cuidado de su única hija, Ireland Baldwin, y se había arruinado por culpa de una inversión disparatada: se compró un pueblo y quiso construir un parque temático en él. También por negarse a protagonizar Boxing Elena después de haberse comprometido a hacerlo, lo que le costó varios millones de dólares que le reclamaron los productores.

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