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10 de Febrero de 2012

dicho en números
La recesión hace que los compradores opten por apuestas sólidas y reconocidas en lugar de artistas nuevos cuya valoración está aún sujeta a distintos riesgos
24/04/2009 - 23:30

La recesión económica también se ha hecho notar de alguna forma en el mercado del arte, pese a que la demanda suele tener aquí un poder adquisitivo elevado y, por tanto, es menos sensible a los efectos de una crisis. Según expertos, galeristas y casas de subastas, e incluso los propios artistas, los coleccionistas se decantan ahora más por apuestas sólidas, es decir, artistas reconocidos, mientras que los nuevos autores, cuya valoración está aún sujeta a diferentes riesgos, sufren más los altibajos.

El negocio del arte, en cualquier caso, lleva unos años de tranquilidad relativa. Así, en 2007 (último ejercicio del que se tienen datos oficiales) generó 48 billones de euros, un 11% más que en 2006. Hoy en día, según distintas firmas privadas, el mercado de Estados Unidos se mantiene como el más potente del mundo (con el 41% de cuota), seguido por el Reino Unido (30%) y China (8%), que ha superado a Francia y Alemania.

Igual que el índice Dow Jones es el más importante para medir las cotizaciones bursátiles de las multinacionales, el mundo del arte tiene su propio referente, el Mei and Moses, creado por dos profesores de la Universidad de Nueva York. Antes existía el índice Sotheby's, vigente en los 80 y los 90, pero tras la crisis del mercado artístico quedó en un segundo plano para no desanimar las compras.

Valores cambiantes

Las valoraciones de los artistas, sin embargo, se han convertido en un refugio en plena crisis. Los Van Gogh, Renoir, Matisse, Cézanne o Picasso, junto a otros impresionistas y vanguardistas históricos, no van a disminuir sus cotizaciones, sobre todo las del genio malagueño que tiene 20 de sus obras entre las 40 más caras de la historia -cuatro entre las 15 más preciadas-, contando entre sus récord ser el primer artista en superar los 100 millones de dólares por una sola obra ('Joven con pipa').

Ya en el mercado doméstico hay media docena de artistas entre los grandes de la creación contemporánea mundial. Son Eduardo Chillida, Antoni Tápies, Manolo Valdés, Manolo Millares, Miquel Barceló e incluso Antonio López, cuyas cotizaciones por obra han llegado a superar los 500.000 dólares. Por ejemplo, el cuadro 'Alrededor del lago' del mallorquín Barceló se vendió en 2006 por 1.500.000 euros, mientras que dos años después se pagaron 1.740.000 euros por el 'Madrid desde Torres Blancas' del manchego López.

En las décadas de los 50 a los 70 los coleccionistas, que procedían de negocios de larga trayectoria como la banca o los armadores de barcos, seguían la tradición familiar en Estados Unidos, Francia o Gran Bretaña. Los promotores inmobiliarios tomaron el relevo en los 80, junto a los dueños de las grandes superficies comerciales y los millonarios japoneses, 'reyes' de las aseguradoras y las multinacionales, y obsesionados por los pintores impresionistas.

Con la crisis de los 90 se produjo la eclosión de un nuevo grupo de coleccionistas, de bolsillos repletos y que aprovecharon el bajón de las cotizaciones artísticas para enriquecer sus colecciones. Fue en esa época cuando David Geffen, que luego vendió a precio de oro cuadros adquiridos por cifras menores, aterrizó en el mercado.

«El mejor momento»

La irlandesa Claire McAndrews, autora del estudio 'Globalización y Mercado del Arte', sostiene que «estas inversiones suelen devaluarse en menor proporción que las acciones y otros activos económicos». «Los precios de las obras -explica- tienden a subir a lo largo del tiempo y, por tanto, existe menos riesgo de que su valor caiga mucho, aunque tampoco hay una seguridad del 100%».

En otoño pasado, sin embargo, la crisis ya se dejó notar, al pasar del 25% al 54% el número de lotes que quedaban sin vender en las subastas. Aún así, McAndrews piensa que ahora «es el mejor momento para adquirir piezas importantes a precios razonables, como con las acciones o los pisos».

Esta experta estima que «los mercados menos volátiles son los maestros antiguos y las artes decorativas, aunque el arte contemporáneo de países emergentes como China e India todavía mantiene un notable potencial de crecimiento». Según ella, en los inversores y coleccionistas se produce «un efecto doble: cuando hay más riqueza aumenta su demanda potencial de bienes de lujo, y cuando baja la renta, las obras de arte son una alternativa atractiva para diversificar los riesgos».










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